LAS CINCO ESTACIONES 3.0
Esta serie pretende plasmar el universo subterráneo del Metro de Madrid. Representa la convivencia instantánea entre unos viajeros en el subsuelo de la ciudad. La percepción visual de esos instantes será trasladada al lienzo como una representación perenne de la fugacidad del momento.  
En la superficie del cuadro confluyen la casualidad, la iconografía del lugar, las rutinas de sus personajes y el espacio, una arquitectura laberíntica repleta de vagones, túneles, escaleras, recodos y pasillos eternos. Sobre las paredes, rúbricas de artistas callejeros a modo de grafitis, un «yo también estuve aquí».
En el exterior va aconteciendo el paso de las Cuatro Estaciones: la primavera brota como una explosión de colorido en las flores y el canto de los pájaros que sobrevuelan la ciudad; el verano emerge en los rayos del sol y el intenso calor y las altas temperaturas envuelven a los urbanitas en una camisa de fuerza tejida con sudor; en el otoño se desploman las hojas secas sobre el asfalto; con el invierno llegan las heladas, los días oscuros y los escalofríos.
La Quinta Estación es un multiverso por el que las estaciones no pasan. Una estación de Metro que llegó a servir como refugio antiaéreo para huir de los bombardeos, un espacio indeterminado sin solsticios ni equinoccios. El Metro es un no-lugar intercambiable en el que los viajeros se desplazan en el anonimato. Leen, escuchan música, tocan instrumentos, piden limosna… Comparten pedazos de su existencia acelerada bajo tierra. 
Quedarán atrapados entre pigmentos antes de salir al exterior donde correrán para no ser  alcanzados por la realidad.LAS CINCO ESTACIONES 3.0
Esta serie pretende plasmar el universo subterráneo del Metro de Madrid. Representa la convivencia instantánea entre unos viajeros en el subsuelo de la ciudad. La percepción visual de esos instantes será trasladada al lienzo como una representación perenne de la fugacidad del momento.  
En la superficie del cuadro confluyen la casualidad, la iconografía del lugar, las rutinas de sus personajes y el espacio, una arquitectura laberíntica repleta de vagones, túneles, escaleras, recodos y pasillos eternos. Sobre las paredes, rúbricas de artistas callejeros a modo de grafitis, un «yo también estuve aquí».
En el exterior va aconteciendo el paso de las Cuatro Estaciones: la primavera brota como una explosión de colorido en las flores y el canto de los pájaros que sobrevuelan la ciudad; el verano emerge en los rayos del sol y el intenso calor y las altas temperaturas envuelven a los urbanitas en una camisa de fuerza tejida con sudor; en el otoño se desploman las hojas secas sobre el asfalto; con el invierno llegan las heladas, los días oscuros y los escalofríos.
La Quinta Estación es un multiverso por el que las estaciones no pasan. Una estación de Metro que llegó a servir como refugio antiaéreo para huir de los bombardeos, un espacio indeterminado sin solsticios ni equinoccios. El Metro es un no-lugar intercambiable en el que los viajeros se desplazan en el anonimato. Leen, escuchan música, tocan instrumentos, piden limosna… Comparten pedazos de su existencia acelerada bajo tierra. 
Quedarán atrapados entre pigmentos antes de salir al exterior donde correrán para no ser  alcanzados por la realidad.