Tragaluz

 
TRAGALUZ
Encontré aquel sobre en el buzón. Parecía inofensivo. Leí aquella carta arrojándola con furia a la papelera segundos después.
Era del adorable director de la caja de ahorros. Me informaba con pesar que debido a mis numerosos impagos en la mensualidad de la hipoteca, se veían obligados a condenarme a un desahucio inminente. Contaba con una semana para despedirme de la buhardilla que hasta el momento había sido mi guarida. Recoger mis muebles, vaciar mi biblioteca, doblar toda mi ropa e introducirla en maletas…
De aquel escueto habitáculo tan sólo extrañaría las vistas al cielo desde sus tragaluces del tejado. Los rayos del sol filtrándose violentos por los cristales y acariciando mi rostro somnoliento. Las gotas de lluvia golpeando el vidrio con una acompasada cadencia. La luz de la luna llena iluminando la oscuridad de mi cuarto. Los pájaros repiqueteando con su pico las ventanas…
Disponía de tan sólo siete días para reorganizar mi supervivencia. Para localizar un lugar adecuado y gratuito que me proporcionara un techo con el que cobijarme.
No quería mendigar caridad. Ni a familiares ni a amigos. Prefería entender que aquella amenaza me suministraría con nuevas y creativas oportunidades.
Salí al tejado por una de sus claraboyas para fumarme un cigarro. Distinguí los tejados adyacentes, las calles empedradas y sus transeúntes, el rugido de una motocicleta… Los pájaros sobrevolando mi silueta y una sublime bóveda celeste como lona en este circo.
-Aquí quiero vivir y nada podrá impedirme alcanzar esta ilusión.
Esta mañana, una jueza acompañada de una cuadrilla de bomberos y guardias civiles ha decretado mi expulsión de la vivienda. La buhardilla pertenece a la caja de ahorros desde este instante. La subastarán para que pueda ser abonada en breve por un nuevo iluso bohemio.
He podido escuchar todo el proceso con nitidez desde aquí arriba.
Estoy en el tejado de la que fue mi vivienda. Resido en un cubo de madera que he construido con mis propias manos. Cuatro paredes con cuatro ventanas. Con hermosas vistas al firmamento con el que deseo unirme para siempre.
No perdí un segundo en recoger mis pertenencias. Ahora no las necesito.
Seré la primera mujer en cometer esta proeza. Estoy desnuda y espero impaciente a que afloren mis plumas. Hoy que todos mis coetáneos aspiran a ser ricos y amasar su gran fortuna desde un sillón.
La temperatura es óptima, no hay demasiadas nubes, el riesgo de precipitaciones es mínimo. Lo he consultado en la aplicación del tiempo de mi teléfono. Hoy es el gran día. Me convertiré en un pájaro. Voy a volar. Soy libre y nada me lo impide.
 
Virginia Mas