Síndrome de Stendhal

 
SÍNDROME DE STENDHAL
La belleza es un concepto abstracto que se encuentra ligado a varios aspectos de la existencia humana.
A lo largo de la historia, la belleza ha sufrido intensas mutaciones en su interpretación. Podría considerarse bello aquello que transmite proporción, simetría o se encuentra en grácil equilibrio y armonía con la naturaleza. Y aparcando un simple juicio estético, podemos agrupar en el selecto club de la belleza a ciertas melodías, movimientos en danza así como determinados olores, formas y sabores.
Debo reconocer que la belleza es una percepción plenamente subjetiva, podrían coexistir infinidad de argumentaciones al respecto. Pero en la actualidad, este relativismo imperante me consume en cenizas.
La belleza fue concebida para generar atracción y bienestar emocional sobre sus receptores, siendo una concepción exclusiva para aquellos que puedan engendrar, basándose en su experiencia, una reflexión positiva sobre el significado de su propia existencia. Fue engendrada como el reflejo estético de la virtud. La silenciosa construcción del bien sobre un rostro, un lienzo o en los grises muros de un edificio. Previamente determinada por las acciones de su creador.
La belleza puede ser opcional o transitoria. Pero es eterna e irrefutable. Agotaré mi tiempo en localizarla para poder admirarla sin frenos ni obstáculos.
Visitaré los rincones más encantadores de todas las ciudades, sus increíbles museos y atardeceres. Contemplaré los rostros de los viandantes. Examinaré su olor. Auscultaré el sonido de sus pasos al caminar y el tono de su voz.
Explorar la tierra en la exclusiva búsqueda de la belleza. Sin considerarme hedonista ni concupiscente. Como una obsesión lacerante y sin albergar otro objetivo. Encontrar la belleza a cada paso. Destruir por tanto la repulsión o la ofensa.
Y para no desfallecer en mi labor, descargué en mi teléfono móvil una imponente aplicación capaz de analizar y visualizar fantásticas obras de arte con todo lujo de detalles durante el tiempo que las necesitara.
Pero ese tiempo fue demasiado. Mi cuerpo se acostumbró a los delirios, a los vértigos y a una preocupante arritmia cardiaca. Padecía entonces el denominado Síndrome de Stendhal. Una romántica borrachera ante la acumulación y exuberancia de mi goce artístico.
Transité perseverante por el Renacimiento. No voy a permitir que me devuelvan a esta realidad mediocre. Belleza o nada. Esa es mi fórmula.

 

Virginia Mas