Remordimiento

 
REMORDIMIENTO
Arrastro un terrible sentimiento de culpabilidad. Sacude los pedazos de mi conciencia desmantelándolos en afilados pedazos bajo las ruinas de mi piel.
Reconozco no haber cometido infracciones de gravedad. Ningún asesinato en mi historial. No teman. Tampoco he intervenido en actos calificados como enaltecimiento del terrorismo. He participado en muchísimas manifestaciones y protestas. Sosteniendo una pancarta decadente y entonando, sin ritmo, himnos o lemas manidos. No colaboré en ningún altercado violento posterior. Mi nombre no está registrado en las fichas policiales.
He incurrido, sin más,  en pequeños delitos sin importancia, que carecen de correctivos o sanciones en el Código Penal. Si los analizo con calma podrían etiquetarse como “las absurdas travesuras de una niñata que jugaba a ser rebelde”.
El hurto de alguna prenda en los probadores de unos grandes almacenes.
-Esta chaqueta, la podría pagar perfectamente, pero me apetece sentir la adrenalina del ladrón al cruzar la puerta del establecimiento.
He sacado chuletas en varios exámenes. He mentido a mis padres sobre las calificaciones y mi relación con las bebidas alcohólicas en esas alocadas fiestas de adolescente. 
He abandonado alguna taberna galopando para no abonar las consumiciones…pero, ¿quién no ha hecho un sinpa en alguna ocasión?
Soy excesivamente crítica con mi grupo de amigos y acostumbro a calumniar comportamientos y a juzgar con severidad ciertas actitudes. Y soy tremendamente deshonesta cuando me enfrento a ellos cara a cara. Evito crueles verdades que podrían resultar incómodas.
O eso hacía…
Hasta que me abrí una cuenta en Facebook. Una inquietante red social a la que podían acceder millones de usuarios. En la que hay jugadores que se exponen al peligro, que exhiben sus rutinas, sus temores, sus éxitos y fracasos. Que escriben un completo diario de su existencia como si estuvieran atrapados en un cuarto y todos sus movimientos y pensamientos fueran cuidadosamente registrados por una cámara.
Si eres valiente y arriesgado, la aplicación te premiará con Likes y te agregarán a sus cuentas nuevos amigos o conocidos que ya no recuerdas.
Pensé entrar en Facebook como observadora del mundo exterior. Analizar los comportamientos ajenos. Obtener información actualizada. Registrarme en concursos…
Pero comencé a publicar todo lo que me torturaba sin filtros ni metáforas.
Desnudé mi alma y sus miserias en la pantalla. Publiqué revelaciones comprometedoras y fotos delicadas que no me pertenecían.
Cargué de basura el muro. Todos lo hacen…
Mis amigos han dejado de llamarme. Han amenazado con despedirme del curro si vuelvo a exponer informaciones clandestinas.
He comenzado a cometer delitos sancionables en la red y, como Judas, siento remordimiento. Pero mi conciencia se ha extinguido y eso provoca que mi número de Likes siga en aumento.
No puedo parar…

 

Virginia Mas